martes, 20 de mayo de 2008

La tía Angelita

Era todo un personaje. Marcó mi vida, como la de muchas otras vidas que tocó. Era mi tía bisabuela, pero en verdad era la tía de todos.

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La tía Angelita nació a comienzos del siglo XX en Iquitos. Su padre fue un español que vino desde su tierra a "hacer la América" durante la Fiebre del Caucho. Se instaló primero en alguna zona de la Selva peruana, se casó con una peruana y tuvieron muchos hijos. La tía Angelita decía: seis han muerto, seis hemos vivido. Ella era la penúltima de esos seis que vivieron, cinco hermanas y un hermano.

Cuando su padre murió, dejó a la familia en la pobreza casi absoluta. Así que a los 8 años, Angelita (a esa edad todavía no la habían elevado a la categoría de tía) dejó el colegio y se puso a trabajar. Ella contaba que en su niñez jugaba con las gruesas monedas de oro que su padre tenía. Lamentablemente nadie tuvo la previsión de guardar pan para mayo.

Nos hacía reír cuando nos contaba cómo eran los bailes en sus tiempos: su mamá acompañaba siempre a las hijas, y cuando un muchacho quería sacar a bailar a alguna de ellas, debía pedirle permiso a la madre. Si ella daba el visto bueno preliminar, se volteaba hacia la hija elegida por el joven y le preguntaba: "hija, ¿de agrado es el joven?". La respuesta lógica era: "de agrado es". Y empezaban bailar, bien vigilados por la madre-chaperona.

Se casó, se separó y vino a vivir a Lima durante los años cincuenta. Nunca tuvo hijos, pero crió a un batallón de sobrinos, entre los cuales estamos mis hermanos y yo.

La recuerdo siempre muy viejita, debía tener cerca de setenta años cuando yo nací. En la casa se encargaba de todo, y para mi mamá debió ser una tranquilidad saberla a nuestro lado en todo momento cuando no le quedó más remedio que trabajar en dos sitios. Cocinaba delicioso, y lo más asombroso era que no tenía necesidad de recetario: le daban las indicaciones y al día siguiente tenía el plato hecho sin más trámite. Y todos los días, a eso de las 3:30 pm rezaba su rosario como un ritual impostergable e inevitable.

Nos alegraba las noches de apagón con sus historias, con su eterna radio a pilas que cubría con una funda anaranjada, con sus juegos. Se deleitaba viendo novelas, nos hacía reír con sus ocurrencias. Ya en mis años de universidad, recuerdo la aprensión que sentía al llegar a la casa, en ese microsegundo que transcurría entre mi grito de "¡hola tía!" y su respuesta, por lo general "¿quieres comer?"

Recuerdo con una sonrisa de esas que trae la nostalgia que un día le dijo a Tito: "hijito, te cuento que se me están acabando mis pastillas". Y él, siempre fregado, le respondió: "Ay tía, qué pena". Por supuesto, en menos de media hora le había comprado toda una dotación de pastillas.

Nos dejó un sábado, una mañana fría de julio, muy temprano. Silenciosamente. Se cayó y no se levantó más. Fiel a su estilo, no causó problemas con enfermedades largas y complicadas. Además, nos dio el fin de semana entero para llevar a cabo todo el ritual que sigue en estos casos.

Cómo extraño tu risa, tía Angelita. El ánimo que le ponías a todo. Las ganas que tenías siempre de hacer las cosas. Y que nunca te dejaras amilanar con nada, cómo llegabas siempre aunque fuera "jalando tu pierna", como decías.

¿Cómo era tu frase?

¡BRAVO CHILÍN!

14 comentarios:

  1. Mi amiga Ines mando este oomentario a mi mail. Me parece justo publicarlo en la seccion comentarios.

    Hola
    Te iba a dejar un comentario en tu blog que acabo de leer, pero como sabes, no estoy familiarizada con esas cosas y la verdad ........ no tengo ni la menor idea de cómo se hace.
    Te pongo el comentario por esta vía, para compartir contigo cosas que vemos de forma similar.
    Saludos,
    Inés

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    Hola
    Como te comenté en alguna oportunidad, esto de los mensajes públicos no me gusta mucho, pero esta vez me animo a contarte algo por esta vía por estar relacionado a tu tía Angelita.
    Me trajo a la memoria rápidamente a mi Tía Meche, también mi tía bisabuela, a la que queríamos mucho. No sé si es muy normal tener tías bisabuelas. Calculo que tal vez un poco, pero que además, se frecuenten con familiaridad permanente, eso creo que sí es extraordinario.
    La Tía Meche siempre estuvo con nosotros. Era la tía siempre dispuesta, con la que nos dejaban en casa cuando mis papás salían de viaje. Los recuerdos de ella siempre van asociados a momentos muy alegres, pero sobre todo, a su lengua afilada.
    Cuando alguien metía la pata y se decía a sí mismo "Ay qué bruto" siempre venía de inmediato su comentario de "Aquí no se desmiente a nadie". O cuando mi papá lograba esquivar un hueco de la pista cuando iba manejando, no dudaba en avisarle diciéndole "Se te pasó uno".
    A pesar de habernos dejado ya hace una década, no falta reunión familiar en la que, por alguna razón, no se suelte alguna frase iniciándola con un "... como decía la Tía Meche ..."
    Qué lindo recordar a quienes ya nos dejaron, teniéndolos siempre presentes.
    Cariños,
    Inés

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  2. Digno homenaje a la Tía Angelita, en fechas cercanas a su cumpleaños. Imagínate cómo estaría disfrutando de Gonzalo y Marcela...
    Ana Ce

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  3. Buenas tardes Gabriela.

    Te acabo de contestar el correo de ayer y seguí tu consejo y entré a este blog y aquí encontré el relato de la tía Angelita.

    ¡Que tierno!, ¡que lindo!, de veras que me ha gustado mucho y el relato está hecho no solo con un sentimiento extraordinario sino que su calidad es también extraordinaria.

    Este tipo de personaje, que en nuestros países por suerte pululan, son imprescindibles pues llevan una vida abnegada de entrega a la familia, mi abuelita era un poco así hasta que falleció sin causar problemas.

    Muchas gracias por este tipo de relato.

    Oscar

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  4. Hola gabriela que historia tan hermosa y real, cada persona tiene guardado sus tesoros y recuerdos, para mi estos son tesoros y lindo es tenerlos, por eso se debe decir a tiempo lo importante que son las personas que uno quiere, he conocido muchas personas y de cada uno he tomado sus cosas buenas hay que saber entender que todo el mundo tiene dificultades o cosas buenas y cosas malas y lo mas dificil es aceptar a otra persona con sus defectos, no te conozco lo suficiente pero creo que eres una persona muy sensible y tienes un don de mirar lo que muchas personas no logran ver, el solo hecho de escribir de esta manera tan profunda y sin temor a que critiquen tus sentimientos es algo que admiro y respeto, no todo el mundo es lo suficientemente valiente para decir sus cosas mas profundas y ahora que me haz escrito y he podido ver un poco mas tu blog me siento muy orgullosa de que tu estés aquí.
    Creo que el queso que tu dices es el guayanes es realmente delicioso y lo hay en toda la Colonia Tovar, y que increible me hablas del pan de jamón y yo he pensado mucho en este pan, y no se si publicarlo en el blog, es un pan muy especial lleva pasas y aceitunas y creo que es el mejor pan que he hecho.

    Saludos y un abrazo desde mi casita virtual y nunca dejes de escribir de esa manera tan hermosa y sin rodeos, no importa que el blog no se llene de comentarios, lo mas importante que la persona que lo vea y lo lea realmente este interesado en el, es mejor tener 3 amigos reales que tener una lista ful y vacia.

    Saludos

    Carolina

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  5. Hola Gabriela, gracias por visitar mi blog, todos tenemos una tía muy querida por suerte que nos acompañó en la vida, yo tenía a Chelita , no te dás una idea de lo que la quería, perderla fué un dolormuy profundo.
    Besos Gabriela y te seguiré leyendo

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  6. Gracias por tan bonitas palabras, Carolina. Como ya te dije, para mi sera siempre un gusto verte dar una vuelta por este rinconcito.
    Estoy segura, cibercuoca, de que Chelita y la tia Angelita deben estar felices de la vida con nuestro encuentro.

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  7. Una historia muy bonita y muy entrañable Gabriela, me alegra mucho y te agradezco que me la hayas dado a conocer. Realmente hay personas que de una forma muy callada y sin esperar recompensas, realizan una labor inestimable a lo largo de sus vidas.

    Muchas gracias por el regalito que me has hecho, yo acabo de corresponderte. Un besito.

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  8. Gracias por la visita mi querida rica pensionista (lo de pobre ya sabes, lo sacamos). Esta tía mía era una persona que no se dejaba amilanar jamás por más dura que fueran las circunstancias. Me parece que las dos están hechas de la misma madera.

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  9. Maravillosa historia, Gaby. ¿Harán a las tías así todavía oquebraron el molde? oajla´alguna sobrina nos dedique un post cuando seamos viejas.
    Que tu tía esté en la gloria, junto a santa María a la que no dejó de rezar el rosario.

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  10. Gracias por tus palabras, AleMamá.
    Honestamente, espero estar sembrando las suficientes semillas con mis adorados sobrinos para una linda y feliz cosecha.
    Saludos.

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  11. He venido a conocer más a tu tia Angelita...Una mujer entrañable que siempre tendrás en el recuerdo.
    Y me alegro que tenga raices extremeñas:)
    Un beso.

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    1. Sí, su padre nació en Badajoz y siempre me he preguntado si podría contactar a familiares que debe haber dejado en esas tierras, Laura.

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  12. Vengo a releer la entrada de tu deliciosa tìa bisabuela Angelita y esta vez te dejo mi comentario. Tu texto rebosa afecto profundo y admiraciòn por ella. Todos los que la leemos la sentimos familiar.
    Un abrazo Gabri:)

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    1. La tía Angelita, si la conocías no la olvidabas, Chusa. Un verdadero personaje. Fue un privilegio haberla tenido tan cerca cuando era chica.

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Gracias por leerme... y más aun por dejarme tu tarjeta de visita. Nunca sabemos hasta dónde nos puede llevar la blogósfera.